lunes, 11 de junio de 2012

Poder y Medios

Ayer en la noche se llevó a cabo el segundo debate entre los candidatos presidenciales mexicanos. A sólo semanas de las votaciones que se llevarán a cabo el dia primero de julio, Peña Nieto (PRI--centro) continúa de líder en las encuestas de opinión, con muchas de ellas dándole todavía una ventaja de dos digitos a pesar del movimiento Yo Soy 132, del cual forman parte muchos jóvenes inconformes con el regreso del PRI al poder. Aún cuando los miembros de Yo Soy 132 se abstienen de apoyar a un candidato en particular, ha sido López Obrador (PRD--izquierda) el que más se ha beneficiado de esa inconformidad; no lo suficiente para recortar de manera significativa la ventaja de Peña Nieto, pero lo suficiente para subir del tercer lugar al segundo, dejando en esa posición a Vázquez Mota (PAN--derecha).


La mayoría de los medios parece coincidir en que el segundo debate fue menos nefasto que el primero. Hubo más y mejores intercambios entre los protagonistas, siendo la panista la que se lanzó a la carga con mayor furor. Atacó tanto a Peña Nieto como a López Obrador, recordándole al público que ambos representan a los dinosaurios priístas del pasado, ya que López Obrador, a pesar de que muchos prefirieran olvidarlo (incluído él mismo), también fue parte en algún momento del PRI.

Pero hasta cierto punto es predecible lo que ocurrió en el debate. En este tipo de situaciones, el líder en las encuestas por lo general trata de conservarse tranquilo y se dedica a hablar sobre sus iniciativas, mientras permite que los demás lancen lodo entre sí. Pero aún López Obrador parece haberse ido al extremo del personaje que era hace algunos años. Antes era reconocido por aprovechar cada vez que tenía un micrófono enfrente para decir los comentarios más polémicos que se le ocurrieran. Pero la noche de ayer se portó muy calmado, tratando de enfocarse en acciones y no en ataques. Entonces fue Vázquez Mota la que le puso más sabor al debate, utilizando la estrategia del que va en último lugar y se le acaba el tiempo: ataque frontal a los dos candidatos más populares.

Desde la última ocasión en la que hablamos de las elecciones, han sucedido varias cosas interesantes. La primera es el surgimiento del movimiento Yo Soy 132, y el cambio de posición entre Vázquez Mota y López Obrador. La otra es la revelación por parte del diario británico The Guardian de una verdad que muchos ya sabían, aún si no la podían probar. Esta verdad es que la relación entre el poder y los medios de comunicación es más estrecha de lo que debería ser. Y si alguien sabe de la incomodidad que puede causar para la vida cívica una relación personal entre el poder y los medios, ese alguien es precisamente Gran Bretaña. Así como en esa isla el partido conservador del primer ministro David Cameron es acusado de acomodar a imperialistas de medios como Rupert Murdoch, los partidos políticos mexicanos también le hacen coba a los imperios de Televisa y TV Azteca con tal de beneficiarse con spots de radio y televisión a precios bajos, bajos, bajos. Y la relación es recíproca, mientras las televisoras le dan espacios y cobertura a los políticos, los gobernantes prometen no ponerle trabas al duopolio televisivo que mantiene cautivos a millones de mexicanos.


El mismo periódico británico ha ido más lejos al encontrar entre los Wikileaks documentos originados de la embajada estadounidense en México donde se observa preocupación por la relación de alcoba que sostienen Televisa y Peña Nieto. Y es que es tan obvia la relación (con su esposa estrella de telenovela y ese copete hecho para las cámaras), que todo el asunto haría una increíble comedia de cinco estrellas si no fuera por el hecho de que esto es cien por ciento real. Y eso lo hace, a pesar de todo el potencial cómico, una tragedia más que México ha tenido que soportar.

La elección presidencial está ya muy cerca. Todo sigue indicando que Peña Nieto será el vencedor, y sólo un incidente mayor evitará que ese sea el resultado final. Durante el segundo debate, a pesar de toda la podredumbre que acosa a la sociedad civil mexicana, logró evitar abordar el tema más importante del momento en el país: la inseguridad ocasionada por el crímen organizado. Una vez que acabe todo el circo de las elecciones, será hora de enfrentar la realidad una vez más y darse cuenta de que las cosas en ese ámbito siguen empeorando en vez de mejorar. ¿Quién será el valiente que le saldrá al paso al problema?


domingo, 3 de junio de 2012

La Felicidad es Cóncava

El dinero no hace la felicidad pero, hasta cierto punto, bien que ayuda. Y para muestra presentamos esta gráfica cortesía de la New Economics Foundation (NEF).

El eje horizontal representa ingreso per cápita en 2003 a precios de paridad de poder de compra, (ver aquí y aquí) y el eje vertical representa el nivel de satisfacción promedio con la vida. El tamaño del círculo que representa a cada país es proporcional al tamaño de su población.

Se puede apreciar una clara relación positiva entre ingreso y nivel de satisfacción con la vida, lo cual quiere decir que, en general, mayor ingreso está relacionado con mayor satisfacción con la vida. Pero al mismo tiempo podemos observar que el cambio en el nivel de ingreso no siempre tiene el mismo efecto en el nivel de satisfacción obtenido. Entre más ingreso tiene una persona, en general, más difícil es que un aumento de ingreso siga aumentando su nivel de satisfacción. En lenguaje técnico, el nivel de ingreso tiene retornos decrecientes respecto al nivel de satisfacción.

Derek Thompson de The Atlantic ha escrito un resumen sobre los hallazgos contenidos en el reporte del NEF:

1.- En general, los países ricos son más felices, pero ya que muchos de estos países también comparten otras características--casi todos son democracias con una fuerte tradición de respeto a la propiedad privada, por ejemplo--algunos estudios sugieren que son esas instituciones las que nos hacen felices, no sólo la riqueza.
2.- En general, las personas ricas son más felices, pero los jóvenes y los de edad avanzada parecen verse menos influenciados por la búsqueda de riqueza.
3.- El dinero exhibe retornos decrecientes--como casi todo lo demás. La satisfacción aumenta con ingreso hasta más o menos $75,000 (en ocasiones el límite es $120,000). Después de esto, los investigadores tuvieron problemas en confirmar que el dinero sigue contribuyendo a la felicidad. Otros factores--como la calidad del matrimonio y la salud--adquieren relativamente mayor importancia que el dinero. Puede ser que los ricos usan su dinero para mudarse a regionas más ricas, donde ya no se sienten tan ricos. Aquellos que no son economistas pueden atribuir este efecto al principio de "no dejarse opacar por el vecino".
4.- La desigualdad en ingreso reduce la satisfacción, y mayores niveles de gasto público aumentan la satisfacción. Estas conclusiones han sido alcanzadas muchas veces... y cuestionadas también muchas veces. Lo que es aún más interesante, es que la "percepción de movilidad social" puede mitigar el efecto de la desigualdad de ingreso. Es decir, si las personas creen que pueden mejorar su posición financiera, están dispuestos a tolerar un mayor margen de desigualdad.
5.- El desempleo nos hace sentir miserables. A través de muchas encuestas, la correlación entre infelicidad y desempleo sólo es superada por la correlación entre infelicidad y mala salud. Este efecto es particularmente fuerte en Gran Bretaña, Alemania y Estados Unidos. Pero existe un consuelo extraño: si nos vemos rodeados de muchos otros desempleados, entonces no nos sentimos tan mal por estar desempleados. Por lo tanto, en ciertas regiones el alto nivel de desempleo puede "neutralizar" el efecto negativo del desempleo a nivel individual--pero esto no debería hacernos olvidarnos del problema.
6.- La inflación también nos hace muy infelices. Pero el efecto es más débil que el del desempleo. La evidencia es mixta, pero sugiere que una tasa de inflación volátil reduce el bienestar; en países con precios estables, un poco de inflación tiene un efecto pequeño en el nivel de satisfacción. 
7.- Trabajar más horas te hace más feliz... hasta que te hace sentir miserable. Cuando los trabajadores se cambian de empleo de medio tiempo a tiempo completo, se vuelven más felices. Pero si se cambian de tiempo a completo a horarios extremos, la felicidad del empleo se desvanece. Parece existir una relación de U-invertida entre las horas trabajadas y el nivel de satisfacción, aunque las cifras precisas difieren de país en país.
8.- Los que pasan mucho tiempo yendo y viniendo del trabajo son más infelices.
9.- Los que son su propio jefe son más felices. Cuando los empleados creen que son buenos en lo que hacen y que su jefe los aprecia, están más satisfechos. Entonces tiene sentido el hecho de que si son su propio jefe, serán más felices en su trabajo.
10.- La deuda apesta. Pero el tipo de deuda incurrida también importa. La deuda hipotecaria no presenta alta correlación con la felicidad. La deuda incurrida con tarjetas de crédito sí que importa, ya que tiene un efecto negativo en el nivel de satisfacción. Pero en cualquier caso, un alto nivel de deuda presenta una fuerte correlación con ansiedad y depresión.